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miércoles, 28 de abril de 2010

Viaje a la Feria de Abril


Vestidos de flamenca, peinetas, música de sevillanas, manzanilla, tortillitas de camarón y, sobre todo, color y alegría. Estamos en la Feria de Abril de Sevilla de 2010.

Después de unas 5 horas de viaje automovilístico con mi familia de Madrid a Sevilla, el viernes 23 de mayo llegamos a nuestro destino a las 14:00h para participar en la "jarana" de la ciudad sevillana. En medio de las dobles, triples y cuádruples filas, donde la gente deja los coches sin el freno de mano para que el resto de ciudadanos puedan moverlos y así alcanzar su querido vehículo bloqueado, conseguimos aparcamiento (correctamente estacionado) y entramos en el que será nuestro lugar de descanso durante el fin de semana, y de higiene por supuesto, Hotel NH Plaza de Armas.
Habitación amplia, luminosa, moderna... Pero lo importante no es el dormitorio sino la locura y los nervios de la preparación. Horquillas por un lado, adornos por otro:
- ¿Para quién son estas flores?

- ¡Mamá! ¿Dónde está mi vestido?
- Pues hija en la maleta o en casa, no puede estar en muchos sitios más.
- Que sea en la maleta, por favor. Que sea en la maleta.
¿Mi elección? Traje de flamenca, que no de sevillanas (estamos en Sevilla y hay que hablar con propiedad), de color rosa pálido, sin mangas, flor blanca, alpargatas del mismo color (comodidad ante todo)y pañuelo de flores. Y después de casi hora y media de preparativos, el resultado creo que era bastante bueno y creíble:
- ¡Ole! ¡Las niñas andaluzas! ¡Ole! ¡Qué niñas más guapas!

Quitando la posibilidad de que el caballero no llevase en ese momento sus gafas correspondientes, el comentario fue bastante gratificante. Continuamos nuestro camino hacia la caseta "Los Carrozas", situado en la calle Gitanillo de Triana. Estas casetas suelen tener seguridad en la puerta pero teníamos pleno acceso porque mis padres son amigos de los hijos de los primos de los amigos de los tíos... Es decir, que podíamos entrar. Son las 16:00h y aquí comienza el verdadero ritual: bailes al son de la música, jamón, picos (colines), queso, adobo, tortillitas de camarón..., y la típica manzanilla; los hombres con el codo sobre la barra y las mujeres en corrillo. Y entre medias: bailes, cantos, risas y colorido ante las inmensas variedades de vestidos que te encuentras. No hallarás ninguno igual.

El ritual de los niños: juegos, risas, helados, bolsa de patatas, bailes imitando a los adultos... y, sobre todo, los "cacharritos". Y os preguntaréis, ¿qué son los "cacharritos"? Y no es raro porque yo la primera vez que lo escuché me planteé la misma cuestión. Muy sencillo: las atracciones de toda la vida como la alfombra voladora, el barco pirata, los coches de choque, la noria... Aunque os digo que es mejor escuchar "cacharritos" que la "Calle del Infierno", que si no sabes que es la calle donde se encuentran los "cacharritos", asusta un poco al principio.
- ¿Pero a qué tipo de calles van los críos de hoy en día?

Cuando tienes la panza llena, se dan comienzo a las caminatas por toda la feria dando gracias por traerte las alpargatas y no esos estupendos tacones que tenías pensado. Parece una tontería, pero te encuentras mujeres con el lema "antes muerta que sencilla". Y, si tienes la posibilidad, también paseos en coche de caballos.

Con la noche llegan las espectaculares luces, que mejora con creces tu perspectiva de la feria y que no tiene nada que ver con lo que habías visto durante el día. Es algo mágico. Y la fiesta continúa hasta que el cuerpo aguante: las 3:00, las 4:00, las 5:00 e incluso hasta la mañana siguiente si puedes mantenerte en pie sin dormirte. Y el sábado más. Es verdad que si vas sin tener caseta, que es la gracia del asunto, puede resultar un poco aburrido. No obstante, llevamos varios años acudiendo a la Feria de Abril (no continuo porque no siempre es posible) y no sé si variará la experiencia según si tienes o no caseta a la que ir, pero la mía siempre es favorable y siempre quiero volver, aunque cuando llegamos a casa necesitemos una semana entera para recuperarnos.


Mad Patricia Casas

lunes, 19 de abril de 2010

NO APTO PARA VEGETARIANOS

La caipirinha, los acompañamientos formados por ensalada, arroz blanco, frijoles, patatas fritas, plátano frito y rebozado...; y como protagonista principal de la tarde: todo tipo de carnes para saborear. ¡Acción!

Los Restaurantes Brasa y Leña son relativamente nuevos, por lo que poca gente los conoce. No obstante, su olor a deliciosa carne a la brasa al pasar por delante del local te hace pararte de manera instintiva y preguntarte de qué se trata. Lo único que sabíamos hasta el momento era:

Y este fin de semana, concretamente el pasado sábado 17 de abril, decidí, junto con unos amigo, atender a mi curiosidad y descubrir cómo se come en aquel sitio desde el que procede ese olor que alimenta.

A las 14:00 llegamos a nuestro destino, en el Centro Comercial La Gavia, justo delante de la barra para pedir mesa. Incluso antes de darnos asiento ya nos estaban ofreciendo una deliciosa caipirinha que, sin pensarlo dos veces, aceptamos inmediatamente. Ahora, la cuestión era:
- ¿Esto es gratis?
La duda se disipó en cuanto nos trajeron la cuenta, viendo que el "detalle" del restaurante venía acompañado de unos números y el símbolo del euro. ¡Cuidado! El primer cóctel brasileño que te "regalan" no es gratis. Comprobado.

Su servicio fue bastante rápido porque, teniendo en cuenta la multitud de clientes hambrientos que había, en menos de 10 minutos estábamos sentados y tomándonos nota para las bebidas. Ya habíamos saboreado las ríquisimas caipirinhas no gratuitas, así que optamos por algo distinto. El camarero, bastante amable y atento, nos fue enumerando las diferentes bebidas que podíamos probar pero dejamos de escuchar al oír la palabra sangría. Mientras estábamos esperando para que nos dieran un sitio para comer, vimos en varias mesas atractivas jarras de sangría con trozos de fruta que nos llamaban sutilmente:
- Bébeme, bébeme...

Es verídico. Dejando atrás las bromas, en 5 minutos teníamos las bebidas pedidas y los correspondientes acompañamientos del Menú Rodizio, que si se te acababan podías pedir más de lo que quisieras sin coste adicional pues va incluido en el precio del buffet. Aunque no es necesario, creedme. Pero así es, el Brasa y Leña no tiene carta, sino que a lo que ellos llaman "menú" es realmente un buffet a la mesa en toda regla, donde puedes comer todo lo que quieras sirviéndote en el propio asiento.

Y llega el esperado momento. Son las 14:30, el olfato se despierta, el estómago ruge y se te empieza a hacer la boca agua. Vienen los espadachines, es decir, los camareros con sus floretes y sus carnes a la brasa de las que tanto alardea el Restaurante Brasa y Leña. Hasta más de 19 veces pasarán por nuestra mesa por los 19 tipos de carnes que ofrecen más las veces que quieras repetir. Haciendo memoria, y con la ayuda del camarero y del propio mantel donde te viene una chuleta con todo lo que vas a degustar, recuerdo:

- Jamón de pollo con cerveza y especias típicas de Brasil.
- Pechuga de pollo envuelto con bacon.
- Lacón de pollo asado.
- Trozos de lomo con pimienta blanca junto con pimientos verdes, pimientos rojos y cebolla.
- Salchicha brasileña.
- Parte alta de lomo de cerdo con vino blando y especias.
- Costillas de cerdo.
- Panceta de cerdo con miel, limón y canela.
- Lacón ahumado de cerdo asado.
- Cerdo ibérico adobado con pimentón dulce y orégano.
- Chepa de buey.
- Costillar de buey...

Falta alguna clase más de carne pero con el estómago tan lleno ya no podía pensar con claridad y en cuanto a los postres, no puedo opinar sobre ellos porque nunca llegamos. Era una batalla perdida antes de empezar.

Son las 15:15 y en 45 minutos ya habíamos comido para una semana entera. Nosotros acabamos a esa hora porque estábamos que explotábamos pero puedes seguir comiendo hasta que tu cuerpo diga "basta". Pero llega el peor momento de estos pequeños banquetes:
- ¡La cuenta cuándo puedas, por favor!
Hay que tener en cuenta que era fin de semana y que, por ello, nos salió por unos 25€ por cabeza, incluyendo las sangrías de 10,50€ cada una y las caipirinhas traicioneras. Para los bolsillos de jóvenes estudiantes como nosotros puede ser un pequeño gran inconveniente pero si bebes cerveza o refresco el menú te sale mucho más barato. Sin embargo, un homenaje es un homenaje y un día es un día. La experiencia vale la pena y es muy aconsejable para los amantes de la carne.

Mad Patricia Casas